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Cozzida.-

jueves, 26 de junio de 2008

Decisión

Cuando apagué mi cigarrillo en el patio del hospital comprendí que ya era hora de que me den el alta.

Mi estadía había estado atormentada por una pobre niña, mi compañera de cuarto, que, debido a que no sabían que problema tenía, no la dejaban comer. La chica no comía hace más de un día y realmente, cuando me traían mi bandeja, me sentía culpable por tener la maldita capacidad física, el don, la habilidad y el permiso de poder alimentarme.
Cada bocado era una tortura. Yo moría de hambre pero cuando tragaba y veía los ojos hambrientos de la chica, sentía como si el bocado tuviese espinas que se me iban incrustando y me hacían desangrar el esófago.

Cuando me visitaba gente con la que no tenía ganas de hablar, porque simplemente no tenía ganas, me ponía a dormir, pidiendo disculpas... es que sigo con los efectos de la anestesia y el suero... es tremendo, me tumba... bla, bla, bla... zzzzzzz...

Ya no necesitaba mi femme papagayo, iba al baño como toda una damita, salía a fumar con alguna que otra enfermera y contrabandiaba golosinas del quisco de enfrente. Ya era hora de irme a casa, mi traumatólogo tendría que comprenderlo.

El que no viene sin que lo llamen, se va sin que lo hechen...

1 comentario:

Anónimo dijo...

INTERESANTISIMOOOO!!!

SALUDOS, BUENAS VIBRAS Y SIGA ESCRIBIENDO CARAJO!

ALEJANDRO KADO
alejandrokado@hotmail.com