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jueves, 12 de junio de 2008

El Otro Nicolás

Cuando tenía dieciséis años, me hice un tatuaje en la pierna. Un ángel parecido al chuavechito de Vívere. Lo llamé Nicolás Mitzrael. Siempre me gustaron los ángeles y sentía que el mio se llamaba Nicolás y de segundo nombre Mitzrael porque es el nombre del ángel de Sagitario.

Poco tiempo después, una noche que salí a bailar con mis amigas, yo estaba aburrida (nunca me gustó bailar e ir a boliches) se me sentó un hombre al lado. Él tenía 28 años y nos pusimos a charlar. Ninguno estaba intentando levantarse al otro. A ninguno le interesaba. Simplemente queríamos charlar de la vida, de los secretos, de los dolores y las alegrías. Hablamos toda la noche y sentíamos que eramos amigos desde siempre. Él se llamaba Nicolás y yo le mostré que lo tenía tatuado en mi piel.

Unos meses más tarde me llamó a mi casa. Se quería despedir. Nicolás era médico y se iba a Neuquén a ayudar a necesitados (¡o algo así!).

Nos escribimos un par de mails y seguíamos cada uno con nuestra vida. Sólo nos habíamos visto una vez, sólo habíamos hablado por teléfono una vez y sin embargo nos guardábamos un gran afecto.

Dos años más tarde.
Accidente.
Hospital.

Salí del baño y mi mamá estaba con una gran sonrisa. Había un hombre junto a ella. Era Nicolás. Hacía unas semanas que había vuelto y estaba trabajando en el San José. Vio mi nombre en unos registros. Me vino a visitar... las vueltas de la vida.

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