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jueves, 19 de junio de 2008

Mi Oveja Negra

Mamá pidió un remis. Era lunes a la tarde. Nos subimos al auto. Ya estaba oscureciendo y me caían las lágrimas por la cara. Estaba volviendo al hospital, me estaba por internar para ser operada al día siguiente. Tenía una gran confusión, sólo que yo no lo sabía. Mi cuerpo lloraba pero yo no entendía el por qué.

Le pregunté a mi mamá si cuando me operaran ella o papá, alguno, iba a estar o si igual se iban a ir a trabajar. Mamá me respondió que ni ella ni papá podrían irse a trabajar sabiendo que a su hija la están operando. Realmente me sorprendió que mis papás no vayan a trabajar, no porque nunca falten a sus obligaciones laborales sino porque, evidentemente, yo no entendía la gravedad de la situación. Sabiendo lo que significa "operar", no lo podía relacionar conmigo.

Estaba molesta. Mi "semana común" con Nicolás se había terminado y ahora tenía que volver a este punto inconexo en mi vida, este paréntesis que no tenía nada que ver con lo que yo consideraba como mi presente deseado... mi oveja negra.

Le dije a mamá que duerma en la cama del hospital conmigo. Yo estaba angustiada, no quería que ella durmiera incómoda. Me hice una bolita y toda la noche "semi - dormí" tratando de que ella esté lo suficientemente cómoda y yo lo suficientemente acomodada para que mi mala posición no interfiriera en la operación.

Mañana pasarían muchas cosas...

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