Las enfermeras comenzaron a sacar la camilla del cuarto. Afuera me esperaba un enfermero que tomó riendas en el asunto y comenzó a llevarla él solo.
Afuera estaba mi mamá, mi papá y mi hermano. Acompañando a mi vehículo - cama, me despedían y me deseaban suerte. Me decían que todo iba a salir bien. O sea, me despedían. Sonreían, con cara de terneros degollados. Sonreían con ojos emocionados de angustia.
Las puertas dobles y móviles del pre- quirófano se abrieron, pasé con el enfermero y las puertas se cerraron. Mi familia había quedado afuera. En ese momento entendí que ahora sí estaba sola.
Relacioné el pre - quirófano con la vigilia, el limbo, el río Estigia. El cielo, donde estaba mi familia esperando, pero no en el hospital, afuera, en el resto del mundo que no incluía al hospital, al accidente, a la oveja negra. El infierno, hacia donde iba.
Y ahí estaba yo, sola, ni en el cielo ni en el infierno. Mirando, escuchando adentro mio.
Apareció el traumatólogo con unas tijeras características de combate jardinero versus enredadera. Y al mejor estilo película de terror, me cortó por el medio mi yeso corset.
Miraba los preparativos para el festín quirúrgico. Uno de los médicos me pareció muy lindo físicamente, además era medico, por ende era universitario, por ende podría ser el novio perfecto, además no parecía ser muchos años más grande que yo y mientras lo miraba, poco presté atención en ese momento que mi gran historia amorosa con el doc comenzara en un pre - quirófano con mis pechos al aire, mi cara desfigurada y él concentrándose para, en unos pocos minutos, abrirme el brazo.
Tal vez, el vínculo que estaba gestando con el medico, era, más que nada, para dejar de sentirme tan sola. Las lágrimas comenzaron a salir. Uno doctora o enfermera, una mujer en definitiva se me acercó, me sonrió y con su mano me secó las lágrimas y a la vez me regalaba una caricia de apoyo y de "todo va a estar bien" y de "lamento por lo que estas pasando" y, por supuesto, de ternero degollado.
Ya estaba todo listo. Sentía que Caronte, el barquero del Hades, empujaba mi camilla hacia el quirófano.
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