Yo esclava, él amo.
Yo siervo, él terrateniente.
Yo empleada, él jefe.
Yo hija, él padre.
Yo alumna, él profesor.
Yo débil, él fuerte.
Yo lastimada, él sano.
Yo nada, él todo.
Asimétricos.
Comprendí que las nuevas reglas serían así. Yo no las podría tomar... yo las tendría que aceptar porque sino me quedaría sin él más allá de que ya me había quedado sin él.
Las salidas entre todos ya se habían empezado a estropear... No se puede ser amiga de tu ex futuro novio que sin querer casi te mata y que en vez de pensar en lo que te hizo y en vos, piensa en él, solo en él y que necesita tiempo antes de embarcarse en una nueva relación que ya se embarcó y que ni siquiera puede esperar a que te saquen el yeso o se te termine de arreglar la cara. No, no puede... No pudo.
Mientras mis papás veían como los papás de Nicolás se hacían los boludos con el pequeño problemita que ocasionaron ambos hijos, Daniel y su familia proponían que manejemos todos los asuntos legales contra la empresa constructora de la ruta a través de un abogado cuya tarjeta de presentación no contenía la nueva numeración telefónica que incluye el número cuatro adelante y que se estipuló cuando yo tenía aproximadamente nueve años.
Las cosas no estaban saliendo de la mejor manera, de hecho todo estaba bastante oscuro y yo estaba empezando a comprender que no sólo se terminó Nicolás y mi burbuja anti - realidad, sino que pronto se acabaría los amigos en común, la buena relación entre las familias y muchas otras cosas que el accidente se llevaría.
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Te lo agradezco de corazón.
Cozzida.-
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