Llegué al consultorio de kinesiología con mi mamá. Me presentó a Victoria, ella me iba a atender hasta que vuelva de viaje quien más tarde sería “mi tío Lieti”. Vicky quería mucho a mi mamá y no le costó empezar a quererme a mí también. Me hizo pasar a un cubículo y mi mamá se fue a comprarme una Férula de Vietnam que tendría que usar durante mi rehabilitación. La Férula es un cabestrillo inmovilizador de hombro, brazo y antebrazo que se utiliza para recuperaciones post quirúrgicas y post yeso.
Cuando terminamos mi primera sesión donde Victoria pudo observar, según mis patologías en el brazo, que tratamientos serían los más adecuados, llegó mi mamá contenta porque me había conseguido el cabestrillo. Victoria me lo puso y mis ojos se llenaron de lágrimas mientras veía fijo a mi mamá. La Férula era de polar azul, tenía un sector donde yo debía introducir mi brazo y después tenía una faja que me amarraba todo el diámetro de mi cuerpo salvo mi brazo sano. Estaba realmente inmovilizada, estaba atada. Estaba atada.
Mi angustia se sentía. Mamá dudaba si dejarme ir a casa, tal vez prefería que la espere en un bar hasta que termine de trabajar para después irnos juntas. La convencí de que no era necesario. Yo estaba bien, tenía que estar bien.
Espere al colectivo de larga distancia que me llevaría hasta Escobar en la parada que quedaba a dos cuadras del consultorio. Cuando llegó, me subí con la Férula, sujetando como podía mi cartera y haciendo malabares para poner las monedas en la maquina y no morirme en el intento… luego miré. Esperé. Miré al chofer. Nada. Nadie. Todos los asientos estaban ocupados, había dos o tres personas viajando paradas. Yo era una. Me sujetaba como podía con mi única mano libre que a la vez colgaba mi cartera. Sentía impotencia, quería llorar, quería gritar, quería estar muerta. Tendría que haberle pedido al chofer que me vea, que me pida un asiento, pero no podía, necesitaba que no me den el asiento. Necesitaba que ese día sea lo suficientemente doloroso como para recordarlo por siempre. Estaba atada.
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Te lo agradezco de corazón.
Cozzida.-
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