Diciembre de 2004.
Mi cumpleaños:
Domingo. No lo festejé con amigos. No tenía ganas. Cenamos afuera con mi papá, mamá y hermano porque es una tradición familiar en todos los cumpleaños. Me regalaron diecinueve rosas para diecinueve años, otra tradición desde que tenía cinco.
Me llamaron mis amigas y amigos. Algunos me preguntaron si creía que Nicolás me iba a llamar o no. A todas les contesté lo mismo: Seguro que mañana me manda un mensaje de texto diciendo que se olvidó.
Me llamó Gabriel y, tres días más tarde lo llamaría yo para su cumpleaños.
Fue una jornada tranquila. Un día más.
Al día siguiente: "Tarde pero seguro, Feliz Cumpleaños. Espero que la hayas pasado bien"". Mensaje de texto, Nicolás.
Navidad:
Mi familia no es católica, pero le gusta el espíritu navideño.
Mamá, Papá, Pitu y la Abuela.
Mi mamá cocino uno de sus manjares típicos para la ocasión.
Pelearon con mi abuela, tradición navideña.
Abrimos regalos.
Pelearon un poco más.
Después del brindis, mi idea era salir por el pueblo, encontrarme con la gente de todos los días pero teniendo una necesidad: Desear ¡Feliz Navidad! - Recibir la paz de la fiesta.
Pero no salí. El brazo me dolía terriblemente y eso me hizo sentirme triste, muy triste. No tenía fuerzas para salir. Me fui a dormir.
Año Nuevo 2005:
Lo mismo que Navidad; peleas entre mi mamá y mi abuela, exquisita comida y el brindis tradicional que estipulo mi papá desde que mi hermano y yo teníamos capacidad de voz y voto en mi casa: El resumen del año.
Hice mi discurso, tal vez el más emocionante de todos: Recordé el brindis del primero de enero del año pasado. Había pronosticado que el 2004 sería un año de grandes cambios para mi. (El primero fue el 4 de enero que perdí mi virginidad, pero eso no lo dije ni en el discurso ni a mi papá, por supuesto). Empezaba la vida universitaria; dejaba de cruzar la calle de tierra para ir al colegio para tomarme el colectivo hacia la facultad en Pilar, tenía pronosticado conocer mucha gente nueva que de hecho lo hice, dejaba de vestir un uniforme escolar de lunes a viernes. Bueno, pronosticaba muchos cambios que se me fueron de la mano porque sume un accidente que definitivamente cambió mi vida, de repente el colectivo hacia Pilar dejo de parecer grandioso al lado de insertarme en la gran Capital Federal, empezar a conocer las calles, los códigos, los distintos medios de transporte, muchas nuevas obligaciones. Concluí diciendo que, definitivamente el 2004 fue un año de grandes cambios para mi y que aunque no todos fueron buenos, seguramente me dejarían una gran lección de vida.
Chín, Chín.
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Cozzida.-
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