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Cozzida.-

sábado, 23 de agosto de 2008

Amigos de Fierro

Después de la pizzería nos fuimos a bailar a “La Barra”. Yo estaba bastante borracha pero aún me mantenía en pie dignamente.
Ahí me encontré con Renata. La saludé. Ella estaba con sus amigas.
Charlaba con los chicos y en un momento Nicolás y Federico desaparecieron. Cuando hice un vistazo general, los vi a los dos riéndose con dos chicas, muy cómodamente. Se me cerró el pecho. No aguanté más. Me acerqué a Reni, le iba a pedir de salir a charlar, necesitaba desahogarme. Llegué a su mesa, la miré, me dijo “¿Qué, Denu?” y me cayeron como un millón de lágrimas todas al mismo tiempo. Me tomó del brazo y, casi corriendo, me sacó del lugar.

Al costado del pub, mientras yo empezaba a llorar y gritar y putear y ahogarme y tener arcadas y sentir que me desmayaba y todas las cosas más bajas posibles, llegó el negro con su novia y me corrió a abrazar junto con Renata mientras yo gritaba: “Soy solo un hoyo para él…”.
No podía parar de llorar, los chicos no hablaban, me dejaron explotar, sacar toda la mierda que me estaba comiendo por dentro.
Y ahí estábamos los tres; Renata, la chica con la que salía a bailar y me mataba de risa, que de repente, sin que nadie se lo pida, se quedó a dormir en el hospital y se la pasó jugando al “¿Quién es quién?” conmigo. La persona que me sorprendió, que de la manera más extraña me hizo saber que ella, sin que yo lo sepa, era una verdadera amiga. Hoy, una de mis mejores. Y el negro, quien me había pagado la operación y encima me planteaba que seguía en deuda conmigo, mi confidente. Los dos, ahí, en un momento en que me sentía el peor gusano sobre la tierra, el peor gusano pero con dos amigos de fierro.

No sé cómo ni por qué. Pero, esa noche, Nicolás me llevó en su auto hasta mi casa.

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