Destrozada, totalmente destrozada. Sin fuerzas. Sin rumbo. No paraba de pensarlo; estaba frente a Nicolás. Cada uno con un arma. Él me estaba apuntando y él decidía: Denise viva, Denise muerta. Sin entrar en discusiones sobre porcentajes, variables o indicadores, la posibilidad, por más remota que sea, existía… la carta, podría haber generado algún cambio en él, alguna reconsideración, alguna fuerza de voluntad… o por lo menos lástima y compasión por mi persona. Tal vez, realmente tal vez, mi problema estuvo cerca de llegar a buen puerto, a una ventanita o a un rayito de luz en las tinieblas.
Cobarde, muy cobarde pero realista: Cada día me hundía un poco más. Los días no aminoraban el dolor sino que lo amplificaban. Escuchar un no, otro no, ese particular no, ser mataba por Nicolás, una vez más… no, no podía permitírmelo… Yo sólo quería sentirme bien, estar feliz con o sin él.
Por ende, en los instantes previos a definirse si Nicolás guardaba el arma y nos abrazábamos felices o si disparaba y me mataba; en una dolorosa, acobardada pero necesaria jugada, puse el arma a la altura de mi corazón y disparé. Yo sola me mate, pero no tuve que ver como la bala llegaba hasta mí, destrozando lo poquito que quedaba en pie.
Ayudame a contar mi historia. Recomendá este blog a tus conocidos.
Te lo agradezco de corazón.
Cozzida.-
Te lo agradezco de corazón.
Cozzida.-
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)


No hay comentarios:
Publicar un comentario