Isabel, para que no le entre frió por la boca de salida del subte, se ponía migajas de pan flauta en los oídos. Siempre me lo mostraba cuando hablábamos.
En una de las tantas veces en las que charlábamos, una mujer se nos paró enfrente emocionada y sacó un billete de diez pesos y se lo entregó con ojos tristes. Sabía que esa mujer había sentido lo mismo que yo; esa terrible impotencia.
Todas las semanas le llevaba una bolsita con ropa de mi abuela para que se lleve con ella. Había conseguido mucha ropa, pero se la llevaba de a poco para que no tenga que cargar.
Comencé a contarles a todos de Isabel.
Si mi mamá pasaba por la zona le llevaba plata y sé que Victoria le dio ropa también.
Desde que recuperé la mano, me relejé con las sesiones de kinesiología. Es decir, que muchas veces, si tenía mucho que estudiar u otro compromiso, faltaba al consultorio. Más tarde, Lieti me comenzó a bajar la cantidad de días de a dos veces por semana hasta a una vez por semana.
Muchas veces, por los horarios, no coincidíamos con Isabel y así pasaron muchas semanas, pero un día la encontré. Estaba sentada en su banquito, en diagonal a la imagen de la Virgen de la estación y usando el chal que le regalé de mi abuela.
- Hola Isabel -
- Hola querida, ¿Cómo estás? -
- Muy bien. ¿Usted? ¿No tiene frío? -
- No. Estoy muy bien. Me haces acordar a una persona, a una chica que me cuidaba y se preocupaba muchísimo por mi.-
- ¿Si? -
- Si. Era una chica tan buena. Me regalaba ropa, de todo y siempre se preocupaba tanto. Yo le explicaba que estoy bien.-
- Bueno, pero está bien que se preocupen por usted, Isabel.-
- Si. ¿Vos cómo te llamas? -
Me sorprendió su pregunta, pero también entendí que pudo haberse olvidado.
- Yo me llamo Denise -
- ¡Mirá vos! Te llamas igual que esa chica -
Me quedé con la boca abierta. Y no pude evitar preguntarle más sobre esa chica, esa chica que, evidentemente, era yo.
- Ella había tenido un accidente en auto y tenía mal un brazo y venía por acá a hacerse tratar. Vino bastante tiempo y se mejoró y no vino más. Era una chica muy buena y muy linda. -
Se me llenaron los ojos de lágrimas. No podía decirle que era yo. Estaba trabada. Sentía que yo estaba escondida atrás de una pared escuchando como Isabel le contaba a otra chica sobre mi, sobre mis actos buenos con ella.
Pero, en definitiva,Isabel... Se lo contaba a mi.
Ese día, dio la casualidad, que fue la última vez que la ví.
Siempre que voy por la estación Pueyrredón me acuerdo inevitablemente de ella.
Pero esa fue la última vez que la vi.
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Cozzida.-
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1 comentario:
Hola, excelente blog, muy bueno.
Me lo encontré en Blog Upp, espero que no te moleste por haber dejado un comentario!!!.
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