Charlamos entre todos un rato y las extranjeras manifestaron querer ir a cenar.
- ¿Vos como venís de plata? – me preguntó Esteban
- Yo estoy en el horno. No pensaba ir a cenar. ¿Vos?-
- Igual –
- ¡Querremoss prrobar assado! –
- Nooo... chicas, no saben lo que es la pizza argentina. Asado otro día. Hoy pizza, pizza! – dije.
Fuimos todos a una pizzería en la calle Corrientes. Las chicas comenzaron a contar de sus novios, de que ya las extrañaban y que esto y que aquello y yo… yo me quería morir. Esteban me tiraba chistes mientras que, otra vez, me estaba empezando a arrepentir de esta salida. Cambiamos mails entre todos y decidimos que saldríamos, veríamos museos y un montón de planes que, por supuesto, no tenía intención de cumplir.
Diez en punto de la noche, bostecé forzosamente con la boca bien abierta y dije:
- ¡Por Diiiios! ¡Qué sueño que tengo! Hoy fue un día taaan largo… Ustedes deben estar super cansadas del viaje, ¿no?
Por supuesto que no lo estaban, al contrario estaban excitadísimas. Querían conocer todo ya.
- Bueno, yo me voy a ir. Me caigo dormida. Pero obvio que nos volvemos a ver. Podemos hacer algo esta semana. Nos mandamos mails, ¿ta?
- Si, yo también me voy – dijo Esteban
Las extranjeras se tomaron un taxi y nos quedamos solos.
- ¿Qué te tomas?
- Línea D. Te acompaño a la puerta del edificio y de ahí sigo dos cuadras.
- Dale, copado porque no me va caminar sola de noche.
En el camino charlamos hasta llegar al departamento que mi mamá tenía en capital. Sin razón, sin insinuación, sin intención dije:
- ¿Querés tomar un café? –
Subimos. Sentí que Esteban sería bueno y me prestaría un oído para escucharme y así poder expulsar mi dolor.
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Te lo agradezco de corazón.
Cozzida.-
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